sábado, 21 de noviembre de 2009

Ahondo en un sin fin de parodias pasadas,
esperanzado por mi maddre bajo el mar,
esperando y siempre caminando.

¡Qué soplo de vida! ¡Qué eternidad!
Mi madre, la vieja joven.

Tú, poesía, estás tan en ella
como en el ciervo perdido en el desierto,
¡qué destino!, pobre.

Siempre gana perdiendo como tú.

¡Ay! ¡Qué te echaba de menos!
De nuevo tú y yo nos encontramos
y todo a raíz de mi madre.
Siempre ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario